Ojo seco en perros y gatos: qué es, cómo detectarlo y qué hacer
Tu mascota parpadea sin parar. Se frota el ojo contra el sofá, contra tu pierna, contra lo primero que pilla.
Y esas legañas espesas, pegajosas, que antes aparecían de vez en cuando, ahora están presentes todos los días.
Puede que estés ante una queratoconjuntivitis seca, más conocida como ojo seco. Y es una enfermedad que si se deja pasar puede acabar dañando la córnea de forma permanente.
Vamos a contarte qué es, por qué aparece, cómo se detecta a tiempo y qué tratamientos funcionan de verdad. Porque aquí también hay mitos, y unos cuantos.
Qué es exactamente la queratoconjuntivitis seca
El ojo de tu mascota se mantiene sano gracias a una película de lágrima constante, producida sobre todo por la glándula lagrimal y una pequeña glándula del tercer párpado.
Esa lágrima limpia, lubrica y nutre la superficie del ojo. Pero la lágrima necesita una fracción lipídica (es decir, una parte de grasa) que forma la capa externa de la película lagrimal, que impide la evaporación y así que la superficie del ojo esté húmeda y protegida.
Esa grasa la producen las glándulas de Meibonio que son glándulas sebáceas ubicadas en los párpados concretamente en la base de las pestañas.
Cuando esa producción falla en cantidad o en calidad el ojo se queda sin protección. La córnea, que necesita humedad para nutrirse y tomar oxígeno, y para defenderse, empieza a sufrir.
Aparece inflamación, molestia, y con el tiempo, si no se trata, úlceras, cicatrices e incluso pérdida de visión.
Hay factores predisponentes como pueden ser la diabetes, el hipotiroidismo, la genética en las razas braquicéfalas, factores ambientales, algunos fármacos o tratamientos, pero en la mayoría de los casos, se produce por una disfunción de las glándulas de Meibonio y fallo del sistema inmunitario: el propio organismo de la mascota ataca por error su glándula lagrimal y va reduciendo poco a poco su capacidad de producir lágrima.
Así podemos tener un ojo seco con falta de producción de la fracción acuosa de la lágrima, un ojo seco con falta de la fracción lipídica, un ojo seco con inflamación crónica y un ojo seco con falta de inervación de la córnea.
Vamos con las causas:
–Falta de producción de la lágrima: generalmente por enfermedades autoinmunes.
–Evaporación elevada de la lágrima: por falta de la capa lipídica por enfermedades de las glándulas de Meibonio, por parpadeo incompleto en razas braquicéfalas, por ambientes secos, aire acondicionado, calefacción y mala calidad del aire.
–Inflamatorio: generalmente crónico y autoinmune pudiendo afectar a las glándulas lagrimales, glándulas de Meibonio, córnea y conjuntiva.
–Neurológico: por falta de inervación de la córnea disminuyendo la producción de la lágrima y la regeneración corneal.

Cómo detectarlo: las señales que sí importan
Aquí muchos tutores pueden confundir el ojo seco con una simple conjuntivitis o con polvo en el ojo. Cuando observes un ojo que presenta:
- Legañas espesas, de color amarillento o verdoso, que reaparecen aunque las limpies varias veces al día.
- Ojo rojo, con la conjuntiva inflamada de forma persistente.
- Parpadeo excesivo o el ojo entrecerrado, como si le molestara la luz.
- Frotarse el ojo con la pata o contra superficies, señal clara de picor o dolor.
- Con el tiempo, la córnea pierde su brillo: se vuelve opaca, mate, a veces con vasos sanguíneos que no deberían estar ahí.
Hay razas con más predisposición en perros como el Bulldog Inglés, el Bulldog Francés, el Cocker Spaniel, el Shih Tzu, el Lhasa Apso, el West Highland White Terrier, el Carlino, unos por ser braquicéfalos y otros por una predisposición genética, pero cualquier perro es susceptible de desarrollar la enfermedad.
En gatos los Persas tienen los ojos más saltones y pueden tener más posibilidades de padecer la enfermedad.
Hay que tener en cuenta perros que hayan pasado el virus del moquillo, mascotas tratadas con ciertos fármacos para el glaucoma, sulfamidas o antihistamínicos, o los que han sufrido una lesión del nervio facial, y gatos que hayan padecido el herpesvirus.
Un matiz que conviene tener claro: no confundas el ojo seco con una alergia estacional o con un cuerpo extraño puntual. La diferencia solo la marca una exploración oftalmológica completa, con la prueba adecuada.
El diagnóstico: la prueba que no falla
Para confirmarlo se usa el test de Schirmer, una tira de papel especial que se coloca en el borde del párpado durante un minuto y mide, en milímetros, cuánta lágrima produce el ojo.
Es rápido, indoloro, y da un dato objetivo que ninguna exploración visual puede sustituir.
A partir de ahí valoramos también el estado de la córnea con tinciones específicas, buscamos úlceras o pigmentación, y revisamos si hay infección secundaria asociada. Sin esta prueba, tratar el ojo seco es ir un poco a ciegas.
Para valorar la calidad y producción de cada una de las fracciones de la lágrima se usa la meibografía, meniscometría y osmolaridad lagrimal.
Y por último a veces también es necesario hacer una citología.
Qué tratamientos existen realmente
Aquí toca ser honestos, porque también circula bastante desinformación: el ojo seco no se cura con lavados de suero fisiológico ni con paciencia.
El tratamiento de referencia son los inmunomoduladores tópicos, ciclosporina o tacrolimus, en colirio o pomada, que actúan directamente sobre el origen inmunitario del problema y, en la mayoría de los casos cuando son las glándulas lagrimales las afectadas por un problema autoinmune, consiguen que la glándula recupere parte de su función.
La clave está en la constancia: aplicarlo todos los días, sin saltarse pautas, muchas veces de por vida.
Se acompaña casi siempre de lágrimas artificiales o lubricantes oculares, que alivian mientras el tratamiento de fondo hace su trabajo, y de antibiótico si hay infección añadida. También ácidos grasos omega 3 para recuperar la fracción lipídica de la lágrima.
En los casos que no responden a la medicación, los menos, pero existen, se puede valorar la cirugía de transposición del conducto de Stenon, que redirige la saliva hacia el ojo para que haga la función de lágrima, transplante de mucosa oral o aplicación de células madre.
Se curan, pero no siempre del todo
Aquí hay un matiz que nos parece importante aclarar: muchos casos de ojo seco, tratados a tiempo, mejoran muchísimo y llegan a normalizar la producción de lágrima. Se curan, literalmente.
Pero hay otros casos, sobre todo cuando el daño en la glándula ya es irreversible, en los que la enfermedad no desaparece del todo. O cuando no se regula la producción de la capa lipídica por parte de las glándulas de Meibonio.
Ahí no hablamos de fracaso del tratamiento, sino de manejo crónico: seguir aplicando el colirio de por vida para mantener el ojo cómodo, sin dolor, lubrificado y con defensas.
Mitos que conviene desmontar
«Si tiene legañas, es solo suciedad.» Falso casi siempre. Las legañas espesas y repetidas son un síntoma, no una cuestión de higiene.
«Con lavar el ojo con manzanilla se soluciona.»
Ni de lejos. La manzanilla puede incluso irritar más y retrasar un diagnóstico que sí importa.
«Si deja de darle molestias, ya está curado.» Tampoco.
El daño en la córnea puede seguir avanzando en silencio aunque la mascota parezca más tranquila.
Por eso las revisiones periódicas no son un capricho nuestro, son parte del tratamiento.

Nuestra experiencia en oftalmología
En Animalfisio llevamos años tratando el ojo seco como una de las patologías más frecuentes dentro de nuestra área de oftalmología veterinaria en Almería.
Valoramos la córnea y la producción lagrimal con detalle y diseñamos un tratamiento personalizado con una pauta que se pueda mantener en el tiempo, porque de poco sirve un tratamiento perfecto sobre el papel si luego es imposible de seguir en casa.
Trabajamos también el enfoque holístico del bienestar del animal: cuidar el ojo, sí, pero sin olvidar la comodidad general de la mascota en su día a día y el resto de su organismo.
Si notas algo raro, no esperes
Un ojo que legañea todos los días, que se frota, que pierde brillo, nunca es «no pasa nada». Cuanto antes se diagnostique el ojo seco, mejor responde al tratamiento y menos daño produce en la córnea.
Estamos en Almería y llevamos años dedicados a la salud ocular de perros y gatos de toda la provincia.
Si tu mascota tiene los ojos rojos, legañosos o parpadea más de la cuenta, pide cita y le hacemos una valoración completa. Antes de que el ojo pague la factura de la espera.



